EL BILLETE DE UN MILLÓN


Que en este mundo material el dinero define a las personas y determina en gran medida sus posibilidades de vida no es ningún secreto. “Un Millón de Dólares” es un deseo y tentación recurrente en el imaginario colectivo. Leitmotiv de innumerables películas y programas de concursos, se ha convertido en la fantasía y ambición por excelencia de la sociedad capitalista de hegemonía anglosajona.

Junto al millón-de-dólares, el billete es el objeto representativo por definición del sistema monetario. Borges representó su Zahir, ese objeto inolvidable y siempre presente en la consciencia, con una moneda de 20 centavos. El Zahir de nuestra civilización financiera es sin duda el billete. No hay quien lo rechace, posibilita y condiciona la mayoría de las relaciones con el entorno, y es también omnipresente, objeto de deseo a manera de fetiche y motor de la sociedad.

Cuando el millón-de-dólares y el billete se conjugan dan vida al santo grial al que cualquier caballero en mesa redonda de Wall Street aspiraría. Tan popular es su deseo que es vendido cómo curiosidad por no pocas empresas de souvenirs y regalos, aquí uno de los múltiples ejemplos.

Sin embargo el billete de millón no es exclusivo de las tiendas de curiosidades, ha hecho su aparición ya en la literatura, en la política y en la historia:

En 1948 cuando EE.UU impuso, tras la victoria en la segunda guerra, el Plan Marshall cómo “apoyo” para la recuperación de los países europeos. El gobierno de Estados Unidos emitió 9 billetes con la denominación de un millón de libras que fueron donados al gobierno de Gran Bretaña para uso interno y cómo garantía y soporte de la reconstrucción inglesa. Varios fueron destruidos y uno de ellos fue subastado recientemente.

Billete de un millón de libras del Plan Marshall

En el otro extremo del espectro histórico, aparece un billete de cien trillones de dólares (100,000,000,000,000.ºº, en cuenta anglosajona)  emitido por el gobierno de Zimbabwe, que tras haber sufrido una terrible devaluación de mas de 100,000% (cien mil por ciento) en su moneda, no tuvo otra opción que poner en circulación denominaciones exageradamente altas para evitar el exceso de billetes antiguos que valían tan poco que muchas veces tenían que ser cargados en costales o carretillas y entorpecían las transacciones monetarias. Sirva cómo dato anecdótico, que el billete de cien trillones ni siquiera era suficiente para comprar una barra de pan.

Cien trillones de dólares de Zimbabwe

El billete de millón también ha hecho su aparición en la literatura, específicamente en “The million pound note” de Mark Twain. Un relato que narra una apuesta entre dos adinerados y excéntricos hermanos: Roderick Montpelier sostenía que sería imposible sobrevivir con un billete tan grande, no podría ser cambiado y que su poseedor terminaría siendo cuestionado por el origen del billete e irremediablemente arrestado por robo y fraude. El otro hermano, Oliver Montpelier, afirmaba que el mero hecho de ostentar tal símbolo de riqueza le abriría a su poseedor todas las puertas y le conseguiría todo lo que deseara. Para disipar tal cuestión echan mano de Henry Adams, un honesto inmigrante estadounidense que se encuentra recién llegado a Lóndres sin un céntimo, al que le otorgan un cheque por un millón de libras. El personaje es, además, convenientemente desconocido en la ciudad para los fines del relato y no podrá explicar cómo llego el dinero a sus manos. La única condición es que no gaste el dinero en un mes.

Henry Adams, una vez recuperado de la sorpresa de hallarse poseedor de tal fortuna, decide cómo primer paso ir a un sastre y ataviarse con los más elegantes trajes que pudiese comprar. Al momento de pagar, el sastre es incapaz de darle el cambio por un billete tan grande y no puede cobrarle los trajes, sin embargo considera el millón cómo suficiente garantía de liquidez y le abre una cuenta de crédito en la que anota los trajes. Una vez que Adams, no sólo tiene el millón incanjeable en sus manos, sino que ademas ha conseguido la apariencia propia de un rico, el resto es miel sobre hojuelas. El billete, la apariencia, el ingenio y su natural encanto le abren todas las puertas de la aristocracia y los negocios. Al final del mes y luego de no pocos enredos, no sólo ha logrado no gastar el billete, sino que también ha construido una fortuna propia convirtiendo a Oliver en el ganador de la apuesta.

Cartel de la versión cinematográfica del relato de Twain

El primero de enero de 2012, Michael Fuller, de 53 años de edad intentó comprar mercancía por valor de $476 en un Walmart de Carolina del Norte pagando con un billete de $1,000,000 mientras insistía en su autenticidad. Los empleados llamaron a la policía inmediatamente.

Michael Fuller fue arrestado y acusado de intentar apropiarse de bienes por medio ilícitos y, por supuesto, falsificación. Se encuentra en la carcel, pendiente de juicio y con una fianza fijada en $17,500 que el billete falso tampoco puede pagar.

Desconocemos si Fuller es lector de Twain, pero de lo sucedido podemos aprender dos cosas:

Primera. Si se tiene un millón de dólares es mejor visitar a un sastre que un walmart.

Segunda. La literatura suele mentir y pese a los esfuerzos retóricos de Twain, Roderick tenía siempre la razón.

Leopoldo García Castellanos

Fuente:  Winston-Salem Journal

Un pensamiento en “EL BILLETE DE UN MILLÓN

  1. Me acabo de acordar de una película mexicana que vi hace un par de años, “El hombre de papel”, sobre un mendigo que encuentra un billete de diez mil pesos y despierta la codicia de toda la gente que se va encontrando

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